El Hijo y la familia contemporáneos: hijos de parejas homosexuales



 

Trabajo de Fernando Magdalena, 2do cuatrimestre, 2008

La propiedad más importante del ser humano es su capacidad de formar y mantener relaciones. Estas son absolutamente necesarias para que cualquiera de nosotros pueda sobrevivir, aprender, trabajar, amar y procrearse. Por tal motivo solo es concebible el estudio del ser humano como aquel integrado a una sociedad, es decir, para el estudio del desarrollo psicológico deben tomarse en cuenta sus relaciones con el medio social.

La habilidad individual para formar y mantener relaciones haciendo uso de este “adhesivo emocional” es diferente en cada uno de nosotros. Estos sistemas cerebrales que nos permiten formar y mantener relaciones, se desarrollan durante la infancia. Las experiencias durante estos primeros y vulnerables años del desarrollo evolutivo de un individuo, influyen significativamente en el moldeado de la capacidad para formar relaciones íntimas y emocionalmente saludables. De ahí se infiere que la época de la infancia y niñez temprana son dos momentos importantes para el desarrollo social y emocional de la persona. El apego que puedan recibir durante esos años dulces influirán sobre la empatía, el afecto, entusiasmo, optimismo… en definitiva la capacidad de amar y ser amado que de ellos se despierte.

 Dentro del proceso de socialización, uno de los temas importantes que lo configura es la relación padres-hijos.

Es hacia el final del primer año cuando el nene comienza a atribuir especificidad a los roles parentales (el abuelo comienza a ser el abuelo, aquel que lo mima y le regala todos los vicios; el papa es el  compañero de ocio; y la madre es la salvadora y la contención). A medida que va creciendo, comienza a darse cuenta que lo caótico que parecía ser en un principio la realidad que lo rodeaba, comenzaba a ser más ordenado y tener un mayor sentido. Ese mundo externo se hace mas estable, menos caótico, mas comprensible, y por tanto mas tranquilizador. Comienza en ese momento la vida exploratoria para el nene. En este momento, comienza su proceso de socialización.

            Y con este, comienzan también los conflictos. Dos hechos a destacar ejemplifican fácilmente esta idea. Una de ellas, cuando se le da vuelta el mundo cuando los adultos que le proveían material para explorar y satisfacer sus necesidades, ahora los retiran de su alcance. Es la primera situación de conflicto que enfrenta el nene una vez que comienza a caminar. La otra es la irritación causada a los padres por el ritmo compulsivo que sigue el nene, que termina por agotar la paciencia de estos y los lleva a una nueva situación de conflicto. Aquellos padres cariñosos, bondadosos, totalmente dulces con el bebe, habían comenzado a mostrar mala cara, enojarse y reprender al nene, generándole mayor desconcierto. El niño pasa de una dependencia física a otra psicológica, señalada por las prohibiciones, los permisos y las calificaciones de conductas.

Las figuras parentales se hacen ahora mas necesarias. Los padres son el mundo del niño, Y el niño va a proceder a imitarlos, desde las expresiones que usan hasta la forma de caminar. Los padres son los modelos de identificación. El varón se va a identificar más con el padre, y la niña con su madre. Todo eso va a darle cierta forma a la personalidad del niño. Ahondando en este concepto de identificación, y abarcando el tema de la relación del hijo con el padre, y la identificación que todo hijo varón tiene con el padre, podemos hacer referencia a una teoría psicológica fundamentada en la tragedia de Edipo, defendida por grandes pensadores, tales como Sigmund Freud, quien se inspira en esta tragedia griega para explicar la tendencia amorosa de los varones hacia la madre y los celos, en conflicto con el afecto, hacia el padre y la misma tendencia en las mujeres con sus progenitores, en forma opuesta. El Complejo de Edipo desempeña un papel fundamental en la estructuración de la personalidad y en la orientación del deseo humano. Freud afirma que esta tendencia es Universal e independiente de la cultura y organización familiar. Todo ser humano tiene por lo tanto impuesta la tarea de dominar el Complejo de Edipo. La elaboración emocional de este complejo se logra cuando el varón renuncia a la madre porque acepta que es del padre, y cuando la mujer renuncia al padre porque acepta que es de la madre; y es superado con mayor o menor éxito con la elección de un tipo particular de pareja fuera del triángulo familiar.

En el varón, querer ser como el padre para agradarle a la madre permite la identificación con el progenitor del mismo sexo. Lo mismo desea la mujer con la madre. Las identificaciones con el progenitor del mismo sexo son muy importantes porque condicionan la futura tendencia sexual del niño o de la niña.

De ese sentimiento de identificación, uno puede deducir ese sentimiento de idolatría que todo hijo varón siente de su padre. El padre es el ídolo de uno en la infancia, y se genera un conflicto mas, una crisis muy fuerte (mezcla de decepción, impotencia e incredulidad) cuando uno, a medida que crece, se va dando cuenta que su padre no es aquel superhéroe que todo hacia y podía,  que uno pensaba que era.

Volviendo a la idea primitiva de este trabajo, decimos que el niño, al ir creciendo y desarrollándose en sus facultades psicomotrices y emocionales, comienza a descubrir la forma de lo que será su primer ámbito de socialización: la familia.

Esta claro que el ambiente  cumple un rol fundamental sobre el psiquismo. Ese ambiente va cambiando a medida que el niño va creciendo y va quemando etapas. Se describen cuatro etapas del proceso de socialización: lactancia, infancia, niñez y adolescencia.

            A medida que va creciendo, va descubriendo cosas nuevas, se va a adaptando a nuevas situaciones… y todo eso va configurando  su modo de enfrentar la vida, su carácter y hasta su modo de pensar. Cada vez se aleja mas de las influencias familiares, es decir, se produce un desprendimiento de las influencias familiares.

 Esto comienza con el ingreso al jardín de infantes, donde el rol de la maestra jardinera es fundamental en el proceso de socialización del niño, porque lo forma o deforma para el futuro de su integración social. Sigue en la niñez, con la escuela, y ya empezando a adoptar el rol de miembro de la comunidad. El niño comienza a ser preparado para el mundo que le espera.

            Y es acá cuando comienza la etapa en la que el niño se preocupa por su propio lugar en el grupo, teme no desempeñarse bien, ser rechazado o quedar en ridículo. Comienza a tener conciencia del problema de integración y socialización en la comunidad. Comienzan las peleas entre los pares, los forcejeos, y comienzan a destacarse los líderes. Comienzan a surgir los amigos íntimos, que son del mismo sexo, porque comienza también a haber repudio hacia el opuesto. Se organizan los juegos, que cada vez son mas elaborados y con mayor despliegue, y comienzan a producirse charlas entre amigos.

            Esta claro que todo esto va generando cierto conflicto para el niño. El ambiente social y familiar en el que se desenvuelve, va condicionando conductas y rasgos caracteriales (dos niños de clases sociales distintas, con experiencias opuestas y realidades totalmente diferentes, enfrentaran la vida cada uno desde un punto distinto, en un ambiente distinto y con ideas sobre el mundo y las personas distintas). A su vez, este ambiente  es totalmente necesario para el desarrollo infantil; es piedra angular del proceso de socialización.

            Poniendo por caso una observación realizada a un niño de 6 años de edad, con dos hermanas mayores, sin todavía mucho desarrollo y experiencia fuera del ámbito familiar, se puede estimar que su conducta y forma de ser ha sido “moldeada por el toque femenino de las hermanas”. Con esta idea me refiero al buen trato que este niño de tan solo 6 años sabe tener con las mujeres de su misma edad. Si hubiese sido hermano de dos varones, su conducta hacia este tópico y otras miles de situaciones serian distintas a lo que el demuestra ahora. Podría deberse tal vez a un talento natural que posea, el don de saber tratar a las mujeres, cualidad tal que le abrirá muchas puertas en su futuro, las puertas de un mundo cada vez mas dominado por las mujeres (si no puedes con ellas, únete a ellas…). Podría, sin embargo, ese talento natural que a lo mejor posee como regalo de dios, no haberse desarrollado jamás sin no hubiera tenido hermanas mayores que le permitiera aprender como debe tratarse a las mujeres. El ambiente en el que uno se desarrolla y con el que uno vive y convive, por tanto, marca de forma acentuada la conducta que uno tiene. Es importante la familia en la configuración de la persona y de la base de la conducta, ya que la familia es el primer escalón en esta corredera que es el proceso de socialización.

Referido al ámbito familiar, y como segundo gran eje de esta exposición, es importante destacar la importancia que tiene el apego del hijo con la madre.

Los expertos consideran ese vinculo especial como en engranaje fundamental para todas las relaciones subsecuentes que el niño desarrollara en su vida, de tal manera que un pobre apego en la infancia se asocia mas a personas con problemas emocionales y de conducta en su adultez. Es un vinculo que dota de seguridad y placer a la relación. Aquellos que forjaron un vinculo fuerte y especial con la madre tendrán mas posibilidades de tener  relaciones mas saludables. 

En la actualidad se esta tomando igual importancia la relación del hijo con el padre, en pos de un buen desarrollo social del hijo, teniendo en cuenta que de forma tradicional el padre ocupaba solo una posición casi secundaria en materia de experiencias que forman el vinculo. Se ha visto que son esas experiencias de contacto físico positivo (abrazar, besar, acariciar)  las que dan forma al apego y permiten un buen desarrollo de todas las conexiones cerebrales  relacionadas a esta. Ese papel secundario tradicional del padre en la relación con su hijo puede hacer que el hijo termine marcando distancia con el padre, a veces hasta llegar a niveles del miedo. Son muchas las personas que, hoy siendo adultas, ven al padre como una persona distante y no llegan a relacionarse con la naturalidad con la que se desarrollan con la madre, sin que el padre sea necesariamente una persona fría, cerrada o impenetrable, tal vez porque la relación siempre se forjo desde la frialdad y la distancia.  Mucha gente consideran esos atributos cualidades del respeto. A mi entender, el respeto no debe infundarse desde la intimidación o el miedo, sino desde el orgullo, admiración e idolatría.

Por tanto, la primera relación del hijo es con la madre, y es la mas importante, porque de esta surge la base para sus relaciones futuras. Un apego con la madre desde la infancia, construido a base de amor, cariño, da la base necesaria para una vida social saludable  y sin conflictos.

Aquellos niños con un apego evasivo, serán niños que no confíen en la gente, que no crean en la gente, en que quieran ayudarlos… con miedo y desconfianza hacia los demás, distanciados.

Aquellos con apego seguro, serán más seguros de si mismos. Más estables, con mejor relaciones, positivas.

De esta última idea pueden surgir infinidad de hipótesis, conjeturas, ideaciones… muchas sin fundamento psicológico alguno, otras con mayor connotación populista que científica, como la idea que defienden muchos acerca de la necesidad de la madre para el hijo, y la prescindencia del padre. Es decir, desde la base subjetiva y personal de mi opinión, un hijo puede crecer sin una figura paterna, y formarse en toda su plenitud emocional y psíquica, a diferencia de  la falta de la madre, donde las consecuencias psicoemocionales pueden ser marcadas, por todo lo que mencionamos arriba.

De esta idea se deriva otra que hoy por hoy se encuentra tan en boga y al pie de toda discusión en materia de lo ético, como es el de la familia gay.  La pregunta central es: ¿Hay diferencias entre los niños criados por hombres homosexuales y por heterosexuales, en materia del psiquismo? ¿No generaría dicha situación un nuevo conflicto para el desarrollo emocional del chico? Según investigaciones recientes, un grupo de expertos en la materia han podido llegar a la conclusión que la única diferencia entre hijos criados por parejas homosexuales y los de padres heterosexuales es que resultan ser mas abiertos de mente, con menos prejuicios para entender las diferentes opciones sexuales, y empatizan mejor con las personas, siendo proporcional el numero de hijos homosexuales de las parejas gays al numero de homosexuales de las parejas heterosexuales.

Queda abierta en ese proyecto la idea del rol de la madre en el desarrollo pleno del hijo. A mi entender, todavía es muy pronto para sacar conclusiones acerca de este tema tan reciente; de esta forma solo se consiguen conclusiones apresuradas y errantes. Madre significa “cauce por donde ordinariamente corren las aguas de un río”. Madre es, entonces, la guía de toda persona, el cauce por donde uno fluye. Sin cauce, el río pierde dirección. Sin dirección, se pierde el sentido. Sin sentido, nada tiene sentido. Es la madre, entonces, el sentido de todas las cosas, de lo que somos y lo que seremos.

 Todo puede faltar, pero si se tiene a la madre, se tiene todo. Toda una vida plena por delante.

 


Agregar a mis favoritos (o "Ctrl D" desde el navegador)