Trabajo realizado por la alumna Mariana Quiroga, segundo cuatrimestre, año 2008
Introducción al desarrollo emocional
El desarrollo afectivo del hombre, desde incluso su gestación en el vientre materno, resulta de particular interés.
Por un lado, veremos la conducta que se manifiesta en los primeros momentos de la vida, en donde la naturaleza original del hombre, es decir, eso con lo que se nace, esas reacciones que se manifiestan sin necesidad de haber experimentado algo similar antes en su vida, aquello puramente innato toman una llamativa relevancia.
Por otro lado, encontramos la interacción con su entorno y los cambios que este sufre a lo largo de su vida, muchas veces con características y en edades definidas, otras no tan notorias. El hombre recibe estímulos de manera incesante, desde el momento mismo del parto e inclusive antes de nacer, y su respuesta frente a ellos- de rechazo o aceptación- han cautivado a lo largo de muchos años e instado en su desarrollo e investigación.
A lo largo de este trabajo se utilizaran términos cuyo significado vale detallar y esto ayudara a avocar la atención a ellos principalmente a lo largo del texto.
El tema elegido es el desarrollo de la vida afectiva, entendiendo por ella las variadas respuestas que pueden presentarse frente a un estímulo, ya sea interno o externo. “Hacer impresión, emocionar” es la definición que provee un Diccionario enciclopédico de la palabra afectar, y curiosamente, otro pero de sinónimos y antónimos, darán palabras que llaman la atención: “causar, concernir, afligir, conmover, entristecer, interesar, gratificar”. La razón por la cual llamarían la atención, es que puede utilizarse esta palabra haciendo referencia a una- misma- cosa que causa una impresión en una persona y puede obtener como respuesta una aflicción o un resultado negativo (entristecer) o bien todo lo contrario, un resultado positivo (gratificar).
Esto da la pauta que el desarrollo afectivo tiene como base estas dos premisas, cosa que nos sumerge directamente en el desarrollo de este trabajo: la primera, la aceptación del estimulo y otra que implica el rechazo del mismo. En el primer caso, nos encontramos frente a los precursores evolutivos del amor; en el caso de rechazarlos, estaremos frente a los que se diferenciaran evolutivamente en miedo y agresividad.
Ahora bien, he nombrado también la palabra emoción. En cuanto a ella, el Tratado de Dumas define: “Las emociones(…)son estados complejos, compuestos psicológicamente por tendencias excitadas, molestadas, enloquecidas, rebeladas, etc., a veces complicadas con impulsos(…)siempre acompañadas de modificaciones orgánicas(…) y de un estado de conciencia correspondiente, que puede ser, según los casos, agradable, penoso o mixto”. Por lo tanto, poniéndole nombre a estas emociones, encontramos la tristeza, la alegría, el miedo y la cólera, que se analizaran extensamente. Vale resaltar el hecho de que son episodios afectivos agudos, que poseen un importante componente orgánico neurovegetativo y no siempre ligado a representaciones mentales.
Por último, es necesario diferenciar este último término de los sentimientos, siendo estos últimos, un aspecto puramente subjetivo de la vida psíquica, un fenómeno afectivo NO agudo, es decir, continuo, con muy poca participación corporal y fundamentalmente ligado a representaciones mentales (razón por la cual sólo se observan en niños de dos años de edad o mayores).
Proceso evolutivo: emociones y sentimientos
Al estudiar este campo de los estímulos que recibe el niño desde su misma gestación y la respuesta que se evidencia, recurro a las definiciones y teorías que presentan los más letrados en estos temas, pues encuentro en ellas la posibilidad de explayarme y explicar claramente los cambios en la vida afectiva del hombre.
Según explica Martins (1977) habría dos teorías básicas a cerca de las emociones, una central y otra periférica. En cuanto a la primera, la emoción seria el resultado de la interpretación, que el estimulo produce, es decir del significado que este adquiere cuando se aplica sobre alguien. Refiriéndonos a la teoría periférica, tomaríamos esa respuesta que en nuestro cuerpo provoca el estímulo y eso es lo que daría como resultado una determinada emoción: “la emoción seria resultante de la percepción de las reacciones somáticas viscerales desencadenadas por el estimulo sobre el organismo” .
Por lo tanto si nos adentramos a analizar estas teorías, veremos que ambas tienen una relación con la anatomía y la fisiología del cuerpo muy estrecha, pues para llegar a interpretar ese estimulo y darle un significado, una emoción, se necesita del sistema límbico por ejemplo, si no también otras estructuras del sistema nervioso central. En cuanto a la segunda teoría, si cierto estimulo provoca el llanto en un niño, será esto lo que le dará el significado y por lo tanto una emoción particular, en este caso de tristeza.
Siguiendo la doctrina de este mismo, podemos también hacer referencia a los sentimientos, es decir algo completamente subjetivo como fue explicado anteriormente y es posible colocarlos en dos grandes grupos: los sentimientos personales, que se ‘subclasifican’ en los que corresponden a funciones orgánicas, psíquicas, y los sociales, que engloban a los sexuales y familiares y sociales- dando esto un muy amplio rango de posibilidades para contemplar a cada individuo.
Tomando lo que sostiene Watson y Morgan a cerca de las tres reacciones emocionales originales del hombre: miedo, ira y amor, podemos entender que en cualquier niño al que proveamos de un estimulo, reaccionara con alguna de estas tres emociones y a través de distintas modificaciones corporales y somáticas.
Es importante destacar el hecho de que los estímulos no son interpretados en forma negativa de acuerdo a cual sea presentado(es decir no varia según su cualidad), si no más bien, a la cantidad: a la intensidad del mismo. El Dr. Maffei a explicado repetidas veces que un adulto en frente de un pequeño puede decirle con la voz mas dulce ‘te voy a matar’ y el niño (incapaz aun de reconocer el significado de las palabras, por lo tanto menor de 2 años aproximadamente), recibirá ese estimulo como positivo, es decir con aceptación del mismo; por otro lado si se le dijera ‘te quiero’ pero a los gritos, el bebé tendera a llorar y a tomarlo como un acto agresivo, generando así el rechazo de dicho estimulo.
Emociones que implican rechazo del estímulo socioemocional
En este apartado se desarrollaran aquellas emociones que manifiestan en el receptor el rechazo del estimulo:
? la agresión: ocurrirá cuando la forma que se opta para rechazar al estimulo es intentando excluirlo del campo
? el miedo: tendrá lugar cuando el que se excluya sea el sujeto sobre el cual actúa el estimulo.
Una de las primeras manifestaciones de estas emociones es el llanto. Este se presenta desde el mismo momento en que el bebe toma contacto con el mundo ‘externo’ a la panza de su madre, a partir del cual se han formulado varias teorías que intentan explicarlo. A pesar de esto, se ha comprobado que el llanto “inicial” no es obligatoriamente el primero, pues en el periodo prenatal se han evidenciado movimientos que sugieren que el psiquismo ya en esos momentos de la vida, tiene un rol muy importante.
Cuando se elimina del campo al estimulo que despierta el rechazo, se trata de agresividad.
Contamos con dos pensamientos bastante opuestos en cuanto a la concepción del hombre como “bueno” o “malo” en sus orígenes. Rousseau, planteó que las fuerzas socio culturales son aquellas que modifican esa “bondad” esencial del hombre, mientras que Freíd o Lorenz, lo contemplan como originalmente “malo”, que consigue a través de la vida social, contenerlos o moderarlos. Hoy en día sabemos que el hombre esta y estuvo sometido a impulsos destructivos, pero que vive inserto a su vez en un mundo realmente competitivo, donde sólo prima el individualismo.
A los largo de la historia el hombre pasó de ser solidario y pacifico, a comenzar a vivir en sociedades mas grandes, mas estables, momento en el cual la posesividad, la envidia y la violencia tomaron un papel fundamental. Es decir, que el hombre no nacería con esa agresividad maligna, más bien seria el resultado de la organización social en la cual estamos inmersos, de las relaciones afectivas y las primeras relaciones sociales. Tiene sus características especiales, pues al ser una forma de respuesta ‘adquirida’, se halla relacionada a representaciones mentales, siendo objetal y dirigida.
En forma conjunta por lo tanto, explica Fromm (quien postula el término recientemente usado), la agresividad benigna con la que sí nacemos, seria parte de una forma defensiva con la que contamos, heredada filogenéticamente, resultado de las ‘fuerzas de autoconservación’. Es decir, el hombre se desliga de ese instinto innato, experimentando el nacimiento de Yo, y como resultado, nace el sentimiento que éste docto denomina ‘separatidad’. Con esto, explica que hay dos formas en las que el hombre puede actuar: ya sea resolver el dilema humano fundamental, que es superar esa separatidad del Yo respecto del mundo, volviendo a vincularse con él, o intentar volver a ese estado pre individual, es decir, renunciar a su individualidad, negando la separatidad; intento imposible pues es un hecho evolutivo irreversible, que solo lograría una mayor angustia, soledad y debilitamiento del Yo.
Como citado anteriormente, Watson habla de precursores evolutivos del miedo y la agresión, siendo éstas, la cólera, la ira, recién a partir de los seis meses de vida, que de hecho son observables, así como se pueden evidenciar ‘ataques de ira’ en niños cerca de los dos años. En esta etapa, vemos una clara intencionalidad de agresividad para con personas u objetos concretos, que obtiene como respuesta la fuerte censura social frente a estas reacciones del niño. Si bien éste último comienza a darse cuenta de que sus padres o adultos cercanos no responderán con sentimientos de rechazo, estos ‘ataques’ no son aceptados socialmente y por lo tanto intentara inhibir o reprimirlos.
Será entonces cuando a partir de la identificación se provea la posibilidad de prohibir estos actos, constituyendo así el Super-Yo, y recurriendo al uso de otra herramienta para la agresión, elemento totalmente nuevo, que es el lenguaje. Al amenazar verbalmente hechos fantasiosos, causara dos respuestas, primero la reprobación parental, y además, la descalificadora (le causara gracia a los adultos esa amenaza de hechos imaginarios).
Ya en la etapa escolar, la censura social y la madurez desarrollada, llevara a que la agresividad, que si bien es creciente por la inseguridad que siente el niño, sea expresada a través de formas permitidas, trasladando esa agresividad a sus pares o por medio de la sublimación.
En cuanto al miedo como mecanismo de rechazo frente a determinado estimulo, permite clasificarlo en dos, de acuerdo a las presentaciones en el hombre:
1. miedo pasivo: en este predominan los fenómenos fisiológicos, en el cual el sujeto se vera imposibilitado para responder mediante alguna acción en particular, ya sea de defensa/ataque o de huida. Esto es entendido como un remanente evolutivo, que puede ser interpretado como una forma de disimulo o muerte aparente.
2. miedo activo: en este caso predomina la respuesta del aparato locomotor.
Estas dos se asocian, ya sea que alguna predomine sobre la otra o que se sucedan (por ejemplo primero el miedo pasivo, y luego una descarga de adrenalina inmensa hará que el sujeto “reaccione” y huya –miedo activo-)
En el primer año de vida, debido a que aun el bebe no adquirió la noción de constancia en el mundo, un hecho simple como la privación de la figura materna (por un periodo de tiempo que en niños mas grandes no lo causa), puede desencadenar esta emoción.
Esta constancia temporal en el mundo se adquiere recién al segundo año de vida, en donde el pequeño ya sabe que aunque no los esté viendo en todo momento a sus padres, por ejemplo, ellos están, el miedo se concentra alrededor de todo aquello que pueda amenazar la pérdida del afecto y seguridad que le brindan.
Durante esta etapa también se observa el desarrollo de otros mecanismos, como lo es el desplazamiento y la proyección de sus miedos aliviando en cierta forma ese temor a la pérdida del amor de sus padres y el condicionamiento (puesto en evidencia claramente mediante una experiencia con un niño de dos años, una laucha blanca y un ruido intenso, breve y grave)
Es de vital importancia intentar discernir entre este sentimiento que se explico hasta ahora y la angustia. Esta ultima si bien es una respuesta de rechazo frente a un estimulo, éste es propio de la realidad interna, no del mundo externo como lo es el causante del miedo. Podemos explicarlo como aquél fenómeno que se está tratando de reprimir (en el Ello) y que aún así peligra con hacerse consciente y llegar al Yo.
Por ello, esa pulsión que resulta en vano intentar reprimir, lleva a experimentar esa angustia (neurótica), que puede derivar en transformar esa amenaza interna en algún estimulo del mundo externo, haciendo mas fácil así luchar contra él.
En el niño en edad preescolar podemos observar el temor que presenta ante lo que no conoce completamente, mientras que muestra total curiosidad por aquello que desconoce en absoluto, entendible desde el punto de vista que de no sabe ni piensa en que quizás puede lastimarlo, en cambio aquello que conoce de a partes le da mas inseguridad.
En la etapa escolar, se puede ver una forma reactiva, que experimentan principalmente los varones, que es el “coraje”. Los niños intentan mostrar su “valor” frente a las mas diversas situaciones (ya sea con un bicho, un compañero, etc.), volcando así el miedo hacia otro lado u ocultándolo y modificarlo de esta forma- demostrando a su vez se ‘miedo al miedo’, que se halla alentado por los adultos (por ejemplo:‘los nenes no le tienen miedo a las cucarachas’…), un mecanismo que, hoy en día alcanza a hombres y mujeres, continuara vigente en la sociedad actual.
Emociones que implican aceptación del estímulo socioemocional
Al sumergirnos en esta forma de responder a un estimulo mediante su aceptación, encontraremos que el desarrollo de esta línea evolutiva nos lleva a reconocer estos estímulos y directamente al pensamiento freudiano.
Si nos referirnos a los estímulos que recibe el niño, mismo en el momento después del parto, se halla rodeado de afecto (en términos generales); el hombre nace sin la posibilidad de amar y lo explicado anteriormente, le da la posibilidad de reconocer y tomar esta afectividad del mundo que se le es brindado. Cualquier estímulo, siempre que sea de intensidad adecuada, y que produzca una sensación de satisfacción en el ser, será recibido con aceptación.
El amor, según Theilhard, no es si no una actividad específicamente humana, una atracción de la naturaleza personal. Es necesario aclarar que este concepto, no hace referencia a la atracción meramente biológica, y es pues aquí que podemos también hacer referencia a la concepción freudiana y a la diferencia que encuentra entre esta aceptación del estímulo y la sexualidad genital.
El amor, según S. Freud, ocurre “cuando las tendencias psíquicas del deseo sexual pasan a ocupar el primer plano, mientras que las exigencias corporales (…) que forman la base de dicha pulsión se hallan reprimidas o momentáneamente olvidadas”
Es decir, que él considera al amor, como una pulsión sexual que se encuentra sublimada, no seria mas que un impulso que sale a través del Yo con otra forma: el amor. No debemos olvidar el otro concepto que resulta vital en la concepción de este pensamiento psicoanalítico, que es ese amor puesto en otra persona en cuanto objeto libidinal distinto de Yo. En un primer momento en la vida del bebe, el amor se encuentra volcado hacia sí mismo, conocido como narcisismo primario; con la evolución de esta pulsión sexual, este amor se traslada a otro objeto capaz de satisfacer sus necesidades, es decir, esa libido puesta en el Yo, recae ahora sobre el objeto, ‘renunciando’ al narcisismo.
A partir del tercer mes, aparece un precursor evolutivo del amor, que se evidencia claramente, y que es la respuesta afectiva que presenta ante la figura humana. Cuando la voz de la madre despierta este movimiento afectivo, se preanuncia la aparición del narcisismo y a su vez el futuro de su afecto.
Ya en el segundo año de vida el niño es capaz de mostrar ‘actos de amor’, teniendo la noción de objeto y su propia intencionalidad, entendiendo que al “DAR” sabe lo que hace y lo hace justamente inscribiendo un vínculo afectivo privilegiado. El primer ejemplo que se observa es la relación simbiótica madre-hijo, en la cual se produce una pérdida de la individualización, siendo ésta otro precursor evolutivo, que llamamos enamoramiento. En cuanto a este pensamiento dos teorías surgieron: Klein, que insta los impulsos destructivos del bebé y los intentos de repararlos serían el fundamento del amor, por tanto lo entendemos así, estaríamos definiendo al amor simplemente como una extensión del narcisismo.
Por otro lado, Reik y Fromm, explican que este amor nace de los impulsos del Yo, reduciendo el placer que provee el acto sexual, interpretándolo como un acto para aliviar la tensión física. Según el primero, el impulso sexual aparece antes que el amor y no se vinculan en ningún momento. La siguiente frase muestra claramente este pensamiento: “en el sexo existe el impulso de liberarse de una tensión orgánica; en el amor hay un deseo de huir de los sentimientos de la propia imperfección. El sexo elige un cuerpo, el amor, una personalidad (…) el sexo no establece distinciones, el amor elige una persona definida.” No debemos olvidar el concepto antes explicado de ‘separatidad’ que plantea Fromm, en el cual la libertad del instinto trae aparejado la angustia y la posibilidad de responder a ella tomando una posición de libertad ‘positiva’, desarrollando los poderes activos del Yo, entendiendo que el amor así explicado es una actividad pura y exclusivamente del Yo, y no responde por tanto a una pulsión; no basta con el acto sexual ni ese instinto para superar esta separatidad del Yo del mundo. Resulta pues innegable que esta vinculación, nuevamente, con el mundo debe hacerse de forma creativa y productiva, sin dejar de lado el cuidado, la responsabilidad, el respeto y el conocimiento del objeto de amor, es decir, que para poder amar, no es necesario renunciar al amor propio, si no por el contrario existe una necesidad de que ambos estén presentes.
Conclusiones del desarrollo emocional de los niños
Según lo expuesto a lo largo de este trabajo, es posible identificar diversas posturas frente al desarrollo de cada emoción, de los precursores evolutivos de las mismas y de los determinantes de cada una de ellas.
Son varias las manifestaciones que se observan en la línea evolutiva de cada emoción, ya sea de tristeza, del miedo, de la cólera o amor. El recién nacido experimenta estas emociones y si bien resulta dificultoso evaluar ciertas ‘sensaciones’ que pueda sentir, a medida que su vida psíquica crece y se desarrolla, estas manifestaciones se vuelven cada vez más claras. El sistema bipolar placer-displacer, la diferenciación de las tres líneas evolutivas planteadas y desarrolladas extensamente en las páginas anteriores, el enriquecimiento de las conductas expresivas, como lo puede ser la sonrisa social presente a partir del tercer mes de vida, la intencionalidad y el entendimiento del concepto de ‘dar’, resultan sólo algunos ejemplos de esto.
Resulta evidente que desde el momento de la gestación el componente psíquico, si bien variable, conlleva una importancia particular. Los movimientos de la vida intrauterina y las reacciones frente a estímulos considerados ‘malos’ o nocivos ponen en manifiesto este pensamiento. Por lo tanto, no es sorprendente que desde el nacimiento, y sobre todo el primer contacto con sus padres, con un mundo de afecto, termine por cerrar estructuras nerviosas, y ayude a la incorporación de estas pautas afectivas y así determinar el desarrollo del mismo.