Arn Van Krevelen
En ningún campo de la psiquiatría se hace tanto uso del psicodiagnóstico como en la psiquiatría de la infancia. No sólo se aprovechan aquellas técnicas ideadas para pacientes adultos, convenientemente adaptados, sino que también se han ido creando numerosas específicas para la etapa evolutiva. Los nuevos tests revelan una inagotable creatividad y su diversidad es tanta que hubo un momento que pareció que era imposible ejercer la especialidad sin contar con una batería de costosos accesorios. Por tanto es de suma importancia señalar que existen posibilidades de usar métodos más sencillos, que no requieren un material patentado y caro, sino una hoja, un lápiz y el propio cerebro.
Desde hace muchos años vengo usando las preguntas proyectivas que con facilidad y naturalmente pueden insertarse en la conversación libre desarrollada durante la entrevista psiquiátrica. El principio fundamental de toda investigación clínica en psiquiatría infantil es la creación de una atmósfera libre de tensión. Todo aquello que pueda asociarse con la situación del niño en la escuela puede causar inseguridad. Parece innecesario recordar que lo exigido por los tests puede ser vivido por el niño como equivalentes de los deberes. Por ello el psiquiatra infantil busca técnicas que se parezcan lo más posible a un juego. El test de expresión desiderativa cumple con este requisito. Esta técnica fue presentada por Pigem psiquiatra de Barcelona en1945 y tratada en profundidad en su tesis de 1949.
Tan pronto como tuve noticia de su trabajo me impresionó su originalidad y su promesa de aplicabilidad en los niños. Pero desde un principio creí indispensable modificar la consigna para su mejor aprovechamiento en niños. Luego de haber adquirido cierta experiencia en el uso del test publiqué mi primera versión en Acta Paedopsychiatrica (1953), y tres años más tarde una segunda versión en el Journal of Projective Techniques. En 1965 tomé contacto con el psiquiatra norteamericano Kritzberg, cuyos estudios sobre el particular significaron un verdadero estímulo para la preparación de la tercera revisión del test de Pigem-Kritzberg-van Krevelen.
El principio de esta técnica reside en la idea de que todos los seres humanos pueden identificarse con ciertos animales. En su libro Physiognomica Aristóteles atribuyó cualidades específicas de diversos animales a distintos tipos humanos. Por otra parte en todos los idiomas se encuentran modismos tales “miedoso como una liebre”, “resbaladizo como una anguila”. He elegido estos ejemplos de la lengua holandesa porque demuestran que la caracterización puede fundarse en el comportamiento del animal, pero también en una cualidad física, que sin embargo llega a ser un símbolo para determinado rasgo del carácter. Esta última posibilidad se aprovecha cuando son objetos inanimados los que sirven para representar al hombre: “duro como una piedra” o “rígido como un martillo”.
Una tipología diferente se origina en la idea aristotélica de que los animales poseen rasgos psíquicos. En muchas fábulas los animales son presentados con determinadas facultades mentales. El lobo cruel, el zorro astuto, el pavo orgulloso, el burro estúpido, “poseen” rasgos antropomórficos que permiten el camino inverso: falso como un gato, vil como una serpiente. Hasta los objetos pueden servir como modelo de determinadas características humanas: un norteamericano puede ser veraz como el acero, mientras un holandés puede ser honesto como el oro.
El uso de un adjetivo puede caer en el pleonasmo ya que es posible describir a una persona simplemente comparándola con un animal. Se comprende muy bien lo que se quiere expresar atribuyendo a alguien uno de los siguientes términos: burro, liebre, buey o comadreja (*). Comparaciones que dan una idea inequívoca sobre la persona en cuestión, salvo cuando un mismo animal puede simbolizar características muy diferentes: un hombre puede ser fiel como un perro o agresivo como el mismo animal; la serpiente sirve de símbolo de la astucia, la falsedad, la conducta artera pero también de lo que el hombre espera de la mujer, la prudencia. La cuestión del significado múltiple tiene consecuencias directas sobre la evaluación en la prueba que estamos analizando, pero ya volveremos sobre el particular.
Pero ya es hora de atenernos más estrictamente al test de Pigem. Aunque a primera vista esta prueba puede aparecer como un pasatiempo divertido –y así conviene que lo vivan los niños sometidos a ella- en realidad se trata de una técnica proyectiva de mucho valor que al seducir al sujeto lo lleva a revelarse sin resistencias. El test original consiste en dos preguntas la primera de las cuales es: “¿Qué desearía ser si volviera a este mundo y no pudiera ser una persona? Puede elegir lo que usted quiera. Como decía algo antes inmediatamente sentí la necesidad de adaptar esta consigna para que pudiera aplicarse en niños. Para ello recurrí al mundo de las hadas, en el que un niño se siente a sus anchas. Entonces la consignará quedó así: “figúrate que un
entra en este cuarto y quiere hechizarte, pero te da el derecho de elegir lo que querrías ser ¿Qué elegirías?”. En una primera época solía añadir “excepto niño u hombre, niña o mujer”. Pero en una ocasión en que olvidé formular esta última aclaración comprobé que el supuesto error era capaz de brindar datos útiles. Comprobé están unclinados a mencionar un tipo específico de adulto, frecuentemente a un representante de una profesión determinada. Por eso opté por eliminar permanentemente la aclaración restrictiva, y cuando la elección recaía en un ser humano lo aprobaba, pero con el argumento que se trata de auténtica magia insistía en una nueva elección. Al respecto cabe señalar que Kritzberg en su revisión estimula intencionalmente al niño para que se identifique con personas.
Hay ocasiones en que el niño responde a la consigna con negativismo y se muestran incapaces de realizar alguna elección. En tales casos he comprobado que resulta útil la pregunta opuesta, pidiendo que el sujeto exprese lo que no quiere ser. Este deseo “negativo” permite conclusiones importantes. El deseo positivo y negativo se complementan y refuerzan. Volví a modificar la consigna de manera que el niño supusiera que la magia del hada fracasó, pero que ésta, a fin de convencerlo de sus poderes le ofrece intentarlo nuevamente, pero que a los fines de no llegar a un fin no deseado por el niño, el mismo debe expresar lo que de ninguna manera querría ser. En muchos casos se obtienen dos o más deseos positivos y negativos.
Volvamos sobre el hallazgo de que un solo símbolo puede revestir diferentes características. Por eso Pigem insistía en la necesidad de hacer que el sujeto describa las características del objeto elegido. Planteaba este autor a su observado: “Suponga que yo no he visto jamás lo que usted eligió ¿quiere explicarme cómo es?”. Este paso no me parece oportuno en la infancia, porque en muchos casos al niño le puede resultar muy difícil definir el símbolo, por lo menos antes del logro de la capacidad de abstracción. En su lugar he propuesto formular dos preguntas referidas, respectivamente a la elección positiva y a la negativa: “¿Por qué querrías ser un...? y “Por qué no querrías ser un...?”. Me ha parecido conveniente añadir otra pregunta: “Qué harías tú si fueras un...?”, que en ocasiones produce más información. Pero lo esencial no es la fórmula empleada sino el modo de presentarla. Si en general no es aceptable el dicho que el tono hace a la música, en nuestro caso sí lo es. La aplicación del test requiere la máxima flexibilidad en quien lo administra.
En apoyo de la pregunta “¿Por qué quieres ser un...?”deseo dar un ejemplo de la práctica clínica. Juanita, de 9 años, empezó por elegir “una ninfa”. Cuando se le explica que no debe elegir a personas pasa al reino vegetal: “una rosa”, y ante la pregunta complementaria responde “está en el jardín, crece sobre la cerca en un gran arco –como en el jardín de mi abuelo- a veces sale de la tierra con hojas rosas”.Y todavía nos lleva más cerca de su autoestima cuando agrega: “la rosa es la reina de las flores”.
La administración del test de Pigem es relativamente simple, no así la interpretación de las respuestas obtenidas. Ante todo es necesario que el observador renuncie a su propia concepción del símbolo, y que deje de lado la tendencia a interpretarlo según sus conocimientos previos. Un buen número de símbolos tiene una significación convencional: el pájaro es el símbolo de la independencia, el caballo remite a la utilidad. Si bien los niños pueden conocer éstos y otros significados culturales no caben dudas que también existen simbolizaciones subjetivas. Son precisamente éstas las que nos resultarán más útiles para la evaluación del test.
Si aceptamos que las preguntas de Pigem movilizan conflictos o deseo personales, reconoceremos que el animal, la planta y el objeto elegidos indican la posibilidad de identificarse con ellos. La identificación es posible si el objeto posee determinada cualidad y si ésta tiene relación con la actitud del sujeto frente a sus problemas personales. Vienen al caso tres ejemplos de niños enuréticos:
1- La actitud de Enrique (9 años) hacia la enuresis se refleja en su elección negativa: no querría ser “un puerco, porque anda en el barro, porque éste se pega y es sucio”
2- Muy distinta es la actitud de Bettina (8años) quien a causa de la enuresis ha sido castigada por sus padres de diversas maneras. Por lo tanto el síntoma es una manifestación de inmadurez pero, al mismo tiempo de oposicionismo. Los síntomas elegidos son: el positivo “una rana” y el negativo “una casa”. Querría ser una rana “porque podría divertirme chapaleando en el agua. Tengo un poco de miedo a la cigüeña, pero me esconderé bien”. En cambio no querría ser una casa “porque los otros andarían siempre dentro de mí, y me pondrían tantas cosas encima”. Resulta claro en la segunda elección el sufrimiento provocado por la actitud familiar, y la ambivalencia se muestra en la primera (estar en el agua es divertido pero peligroso). La interpretación del símbolo casa es completamente personal, la convencional es seguridad.
3- El tercer niño (6 años) le dijo a su madre en cierta ocasión “quiero ser un pato porque a éste le gusta nadar en el agua”. Esta madre había llegado a la consulta porque su hijo le escondía sus cosas, sobre todo cuando las necesitaba. El ambiente familiar era muy complicado. El padre había abandonado a su familia hacía varios meses y la madre puso a su hilo en el lugar del marido perdido. La educación estuvo sometida a la existencia de los deseos eróticos de la madre. El niño dormía frecuentemente en la cama de la madre y ésta se desvivía en su presencia. La situación se prestaba para la incentivación de los deseos edípicos del pequeño. Progresivamente fue apareciendo e incrementándose el deseo de ver a su madre desnuda. Llegó a expresar en varias oportunidades: “¡Esta noche quiero verte!”. ¿Cuál fue su expresión desiderativa?: “Querría ser unos calzoncillos con ojos, entonces podría observarte continuamente”. En otra ocasión le dijo a su nadre: “Me gustaría ser el asiento del water a fin de ver tus nalgas” (en el idioma holandés el término “asiento del water” es sinónimo de “gafas”). Sin embargo la respuesta al test de Pigem fue: “me gustaría ser un perro a fin de correr y jugar divertido en el mar”. La respuesta pareció decepcionante en tanto no revelaba la naturaleza del conflicto edípico, posiblemente porque la censura frente al observador desconocido fue mayor que el estímulo de la pregunta proyectiva.
La censura se manifiesta con su mayor potencia en aquellas raras ocasiones en que el sujeto no puede elegir nada. En algún caso la creatividad del niño, al servicio de su resistencia produjo un resultado gracioso y original: “querría convertirme en un hada para poder engañar al hada de tu cuento”. En otro caso la respuesta fue “querría transformarme en el marido de tu hada”.
La revisión de Kritzberg, publicada en “Acta Paedopsychiatrica (33,48-62, 1966) lo obligaba al sujeto a optar por más alternativas, a través de consignas precisas. También significó una extensión horizontal y vertical del test. La dimensión horizontal se producía cuando el examinado, a instancia del observador, debía responder con tres opciones a cada pregunta, y la vertical era consecuencia del aumento de las preguntas, que nuestro autor había llevado a 16. En este trabajo tomaré sólo los cambios que me parecen operativos pues aportan mejoras evidentes. Sobre todo valoro la solicitud de elegir símbolos animales para los padres del sujeto. En mi propia revisión se agrega la elección de tales símbolos para todos los miembros de la familia, sobre todo para aquellos que aparecen como sospechosos de participar en los conflictos del niño. Esta ampliación de la consigna no sólo permite inferir la imagen que el paciente tiene de cada uno de sus parientes, sino que permite investigar las identificaciones teniendo en cuenta si elige o rechaza para sí la misma simbolización que para alguno de sus padres o parientes próximos.
Me parece oportuno mencionar el ejemplo de una joven de 19 años, que había sufrido una severa frustración por parte de su progenitor en la etapa edípica, quien ejerciendo la prostitución, lograba someter a diversas imégens paternas. Consideraba a sus padre como una unidad irrompible. Las respuestas al test de Pigem revelan una actitud ambivalente hacia sus figuras parentales. El primer animal que rechaza es el perro porque “los perros son maltratados. No quiero perros, por lo general están aburridos”. Pero por otra parte el único animal que logra seleccionar para sus padres es precisamente el perro, y al interrogarla sobre las razones de esta elección responde: “por una parte está aburrido, por otra ladra ruidosamente. Mi madre tiene el mismo carácter que mi padre”.
Como quedó señalado Kritzberg requiere tres respuestas, según afirma, esta exigencia revela una multiplicidad de aspiraciones y cada elección manifiesta un deseo más profundamente escondido, porque la secuencia de respuestas está en relación inversa con el nivel de conciencia y con la aceptación de las tendencias proyectadas. Esta variación de la técnica permitiría, además, descubrir si existe conflicto entre los diferentes deseos. Al respecto me cabe expresar que con este test nunca hallé tales choques entre distintas tendencias. No se le debe exigir al test de Pigem más de lo que puede dar, que es bastante. Si esta técnica descubre los deseos más profundos y las nacesidades más íntimas del sujeto, es comprensible que cada repetición del estímulo obliga al sujeto a reflexionar e implica cada vez más el uso de la razón y de sus propios mecanismos de defensas. Es llamativa la cantidad de sujetos que fracasan después de la segunda respuesta. Otros logran una aparente variedad de respuestas que en última instancia no son sino una repetición de la primera.
Un muchacho de 15 años, alegre y sociable, sufre un “handicap” visual que lo limita en su escolaridad, no puede participar en los juegos de los otros jóvenes y no puede desarrollar sus vínculos con sujetos de la misma edad. Esta problemática queda oculta detrás de un manifiesto buen humor. Los símbolos elegidos son “una planta, porque muy a menudo da hermosas flores y perfumes deliciosos”, “una estufa porque si hace frío puede irradiar calor, y un hogar causa intimidad”, “un reloj, porque siempre registra el tiempo”. Ante la pregunta sobre lo que haría si fuera un reloj, responde: “Trataría de cumplir buen tiempo”. Cuando se le plantea la posibilidad de convertirse en otra persona elige: “Churchill, porque fue valiente durante el tiempo de guerra”, “a causa de los que hizo para continuar la lucha”, “de Gaulle, porque también fue valiente”, y “Carlos el Grande porque hizo mucho para los tiempos antiguos, hizo mucho para los hombres”. El material es suficientemente significativo en cuanto a las necesidades de este joven en el sentido de lograr una adecuada adaptación social siendo útil a los demás, y llegar a ser grande y muy importante.
Mientras Pigem permitía una enorme libertad al sujeto examinado (podía convertirse en cualquier cosa de todo lo que existe), Kritzberg, luego de una breve introducción provoca la elección de otra persona “que haya vivido en otra época o que esté viva en la actualidad, de cualquier rango, real o de la fantasía (libros, cine, TV) y aclara que en ciertas ocasiones los sujetos quedan trabados y no saben qué responder. Presiamente por eso prefiero atenerme a la forma original de Pigem, que le da al niño completa libertad. En cambio me resulta muy atractiva la idea de Kritzberg de solicitar varias categorías de símbolos: personas, animales, objetos y partes del cuerpo humano, en cada una de las cuales se requieren tres deseos positivos y tres negativos.
Uno de los valores de la prueba de Pigem es su concisión. A mi entender la solución ideal consiste en buscar un término medio, logrado al reducir el número de preguntas propuesto por Kritzberg. Pero como ya quedó insinuado resulta muy operativa la consigna de este último autor, sobre todo para su uso con adolescentes: sugiere que se trata de una prueba de imaginación, con lo que satisfacemos la necesidad del sujeto en cuanto a saber qué espera el investigador de él. La consigna surgida de mi revisión del test de Pigem se podrá conocer a través de un ejemplo:
una joven de 16 años, primera de tres hermanos, consulta por sus pobres progresos escolares a pesar de su buen nivel intelectual. En su casa es inamejable, desobediente, se sustrae a la autoridad de los padres. Vive aislada. Especialmente la relación madre-hija se caracteriza por la discordia. Existen numerosos conflictos entre ambos padres, el papá lleva una vida de soltero. La conducta fue interpretada como una respuesta a un ambiente de gran inconsistencia. La consigna para la prueba de Pigem fue “para examinar tu imaginación debemos crear una situación fantástica, algo que no podría ocurrir nunca. En cinco minutos desaparecerían todas la personas del mundo, pero tú tendrías la oportunidad de transformarte en cualquier cosa, a excepción de personas. Por lo demás puedes elegir entre todo lo que existe”. Las primeras dos elecciones fueron: “un gato”, “un pájaro”. Ante la pregunta de “qué animales no querrías ser nunca”, respondió: “un perro”, “un caballo”, “un animal de rebaño”. Aquí se completó la consigna planteando: “ante la desaparición de los animales tendrás que elegir otras cosas”. Entonces optó por “una estrella”. Las elección negativa recayó sobre “un libro”. Ampliando aún más la consigna se le planteó: “sólo tú desaparecerías pero que podrías elegir vivir la vida de otra persona, actual o que haya vivido en otra época o en la fantasía (libro, fábula o cuento)”. La respuesta inmediata fue “alguien que viaje mucho”. En ese momento se le pidió: “puedes pensar en alguna persona en particular”. Respondió: “Oh! ¿quién viaja mucho? un capitán o algo así”, pero enseguida agregó “una actriz querría ser!”. La “persona que no querría ser de ninguna manera” fue: “una empleada de servicio, nuestra empleada”.
A continuación se le pidió imagina en qué animales se podrían convertir los miembros de tu familia y respondió:
1- el padre: “no un gato, porque mi padre no quiere a los gatos”. Al aclararle que se trataba de elegir un animal para que el candidato se convirtiera y no para regalárselo, insistió: “un animal que vive para él solo, un gato”;
2- la madre: “un perro, supongo”
3- su hermana de 12 años: “ella es precisamente como mi madre, un perro supongo”
4- su hermano de 9 años: “si no se sale con la suya siempre se enoja...oh! ¿qué especie de animal? Siempre tiene accesos de cólera”
Deseando sacar más provecho del interrogatorio se volvió sobre los animales para su identificación con esta nueva consigna “el animal que mejor cuadra contigo”. Respondió nuevamente “un gato”.
A esta altura pasamos a la expresión desiderativa referida a partes del cuerpo humano: “las últimas preguntas son las más difíciles, si tuvieran que desaparecer las distintas partes de cuerpo ¿cuál de ellas querrías seguir siendo?”. Respondió “una cabeza”. Seguimos con el ítem: “¿qué parte de tu cuerpo no querrías ser en ningún caso?”. Respondió: “mi tronco, las costillas”.
En una segunda parte se le planteó a la joven el por qué de sus elecciones, éstas fueron sus respuestas:
1- (Gato): “porque es independiente de todo, vive para sí mismo, puede manejarse solo”
2- (Pájaro): “no tiene nada que ver con las personas”
3- (Perro): “no querría ser un perro porque depende de los hombres y de otros perros, es un animal de rebaño”
4- (Caballo): “una caballo también, un perro más a menudo que un caballo muchas veces depende de los hombres”. Aquí la paciente aprovechó para cambiar su elección, ahora no querría ser “una abeja” “porque va de flor en flor”
5- (Estrella): “porque una estrella se queda en lo que es, a pesar de lo que sucede en la tierra”
6- (Libro): “un libro está para sr sometido a la vista, a la lectura”
7- (Capitán): “me parece fastidioso vivir en alguna parte todo el tiempo, siempre lo mismo”
8- (Actriz): “interesante, retratar los sentimientos de otras personas, hacer gestos, jugar, reflejar”
9- (Empleada de servicio): noquiero trabajar, siempre aquel trabajo doméstico”
10- (Gato) “porque él...él no necesita a ninguna persona, quiere salir solo, acostarse en la playa solo”
11- (Perro): “mi madre necesita gente en torno de sí, sociabilidad, ruido quizás...sea como sea prefiere ruido a todo lo que es quieto”
12- (Perro): “se asemeja a mi madre en este aspecto...No se ve obligada al contrario de otra gente, es dependiente de otra gente”
13- (Gato): “siempre he tenido gatos, en Argelia siempre había gatos vagabundos. A mí los gatos me parecían los animales más agradables”
14- (Cabeza): “porque con la cabeza se puede ver, sentir, oir, pensar”
15- (Tronco): “de un modo u otro no tiene uso, con los pies se puede caminar, con las manos se puede tocar, se puede fabricar cosas”
16- (Costillas): “de cualquier manera lo mismo, no es tan importante”
Las respuestas a las preguntas proyectivas nos presentan a la muchacha como a una niña egocéntrica, individualista, que se siente rechazada por su padre, que no quiere a los gatos ni a ella. Critica a su madre a la que ve como posesiva. Su ideal es mantenerse a la distancia (como una estrella), separada (no estar sometida a la mirada, a la lectura). En su aversión a los lazos (el Capitán) se reconocen los mecanismos de defensa que preparan la identificación con el padre aislado.
Resulta obvio que las preguntas proyectivas que acabo de proponer exigen mucho más tiempo que los pocos minutos que Pigem reclamaba.. Considero esta revisión como un compromiso entre la forma breve de Pigem y la prueba extensa de Kritzberg, entre la libertad permitida por Piget y la exigencia de Kritzberg.
En síntesis, un psiquiatra español, uno norteamericano y otro holandés ofrecemos un camino que considero realmente valioso, más allá de la versión que cada profesional prefiera.