Historia de la psiquiatría infantil en Argentina



Tanto la psiquiatría de la infancia como la psicopatología de la edad evolutiva son áreas muy jóvenes del conocimiento médico: su historia se desarrolla casi exclusivamente durante las primeras décadas del siglo XX, aunque si tomamos en cuenta ciertos datos referidos a la psicología evolutiva, y a la pedagogía, nos enfrentaremos con hechos por demás interesantes en épocas muy anteriores. Así por ejemplo, podremos evocar el caso de aquel benedictino español, que vivió entre 1552 y 1584 –el padre Ponce de León- quien realizara algunos tanteos empíricos en la educación de sordomudos.

     En el siglo XVIII nos topamos con cuatro nombres relativamente más próximos a las exigencias del pensamiento científico de nuestro tiempo. Jacobo Rodríguez Pereira, un judío portugués nacido en 1715 y radicado en Francia, que se había casado con una sordomuda, y que para para comunicarse con la cual creó un sistema de educación sensorial sustitutiva que aprovechaba el tacto y la vista. Al instalarse en Francia, la necesidad económica lo impulsó a emplear su técnica para educar pacientes con el mismo déficit sensorial. Sus observaciones y sus técnicas tuvieron particular influencia sobre Juan Jacobo Rousseau, promotor de nuevos métodos pedagógicos construidos sobre bases más naturales que los empleados hasta entonces. Ya en 1762 este pensador se quejaba de que en su medio no se profundizaba la investigación sobre el crecimiento infantil. Las consecuencias de las ideas de Rousseau se pueden descubrir en la obra de varios autores de los siglos XVIII y XIX. Entre ellos cabe destacar a Pestalozzi (nacido en 1746), gestor de una notable reforma educativa. Pestalozzi realizó sus primeras observaciones en su hijo, aplicando lo que ha dado en llamarse educación intuitiva, basada en la creencia rousouniana de que todo lo malo proviene de la ciudad, de manera que el ideal de la educación era  el retorno a la naturaleza. Por lo tanto su objetivo se propuso una pedagogía en la que las actividades personales del niño flexibilizaban y enriquecían las horas de recepción pasiva de conocimientos. De esa manera quedó a un paso de considerar al niño como el centro del proceso educativo. El cuarto personaje destacable en esta prehistoria de nuestra actividad científica, desarrolló su actividad profesional durante el siglo XIX. Se trata de Jean Itard (1775-1838). Este precursor, que había ejercido la cirugía en las filas del ejército, también influenciado por las ideas de Rousseau, intentó una de las empresas educativas con mayor repercusión en la historia de la psicopatología de la infancia: el caso del niño salvaje de Aveyron, a quien Pinel diagnosticara como padeciendo una idiocia irreversible. La descripción del caso, tan apasionante hoy como en 1800, inspiró a Blehomme para escribir su Ensayo sobre la idiocia (1824) y, además tanto a Ferrus (1828) como a Faret (1831), para organizar sendas escuelas especializadas en la educación de niños anormales.

 

     El siglo XIX aportó, entre muchas otras, diez novedades de gran importancia:

1-     Federico Froebel (1782-1852) publica Educación del Hombre;

2-     El mismo Froebel, inspirado por Pestalozzi, con quien había colaborado, organiza el primer kindergarten de Alemania (1816);

3-     Stanley Hall pone en práctica el método de cuestionarios a los padres (1880);

4-     Moreau de Tours publica La locura en el niño  (1888);

5-     Se inaugura el primer tribunal de menores en Australia (1895);

6-     Se abre la Clínica Psicológica de Lightner Witmer en la Universidad de Pennsylvania, dedicada al tratamiento de débiles mentales (1896);

7-     Se reune el Primer Congreso Nacional de Madres y Asociaciones de Padres y Maestros en los Estados Unidos de Norte América (1897);

8-     Manheimer publica Trastornos Mentales en la Infancia (1899);

9-     Se abren tribunales de menores en Illinois y Chicago (1899);

10- Culmina la centuria con la edición de El Siglo del Niño de Helen Key (1900).

 

     A su vez el siglo XX se caracteriza por una cantidad tal de hechos importantes que no podremos mencionarlos todos y nos tendremos que resignar a una escueta y caleidoscópica cronología, con la que lograremos sólo una idea aproximada de su vertiginoso ritmo:

1905- Freud publica Una teoría sexual, Binet y Simon dan a conocer su primer intento psicométrico, Decroly su Clasificación de los niños anormales. En consonancia con tales hechos los tribunales de menores de los Estados Unidos de Norteamérica piden asesoramiento a psiquiatras y psicólogos con especial dedicación a la infancia.

1906- Comienza a funcionar el laboratorio de investigaciones de la Vineland Training School (Nueva Jersey).

1907- Montessori inaugura la primera Casa dei bambini y freíd edita Teorías sexuales infantiles y Análisis de la fobia de un niño de cinco años.

1908- Heller describe la demencia infantil que se conoce con su nombre.

1909- Clifford Beer funda el Comité Nacional de Higiene Mental (Nueva York) que luego promoverá la investigación en el área especializada, mientras  William Healey organiza la primera clínica de orientación para la asistencia de pacientes derivados por la Corte Juvenil de Chicago.

1910- Goddard introduce los tests de Binet y Simon en Estados Unidos de Norteamérica.

1911- Gesell organiza la Yale Clinic of Chile Development.

1912- André Collin dirige el primer servicio de psiquiatría para niños en París y propone el nombre de Paidopsiquiatría para la especialidad médica. En Burdeos Regis edita el primer número de la revista La Infancia Anormal. Mientras, en el otro lado del Atlántico, el Boston Psychopathic Hospital comienza a admitir niños en sus consultorios externos.

1918- Aparece Introducción al Psicoanálisis de Freud y Terman realiza la primera adaptación norteamericana de los tests de Binet y Simon.

1918- Como consecuencia de la epidemia de encefalitis surgen servicios de neuropsiquiatría para niños, entre los cuales cabe recordar especialmente al luego famoso Bellevue Hospital.

1919- Un joven de apenas 23 años entra a trabajar con Bidet y Simon, tratando de estandardizar los denominados tests de razonamiento de Burt. El joven se llamaba Jean Piaget.

1923- Freud publica La Organización Sexual Infantil. Piaget incursiona en campos lindantes con el psicoanálisis. Y Lanfranco Ciampi organiza la primera cátedra mundial de Psiquiatría de la Infancia en la Facultad de Medicina de Rosario.

1925- Wallon publica El Niño Turbulento y de Sanctis su Neuropsichiatria Infantile, que llegaría a constituirse en uno de los grandes clásicos de especialidad a pesar de no ocuparse de los psicodinamismos de los diversos cuadros. En tanto Aichorn edita su texto sobre el psicoanálisis de los “delincuentes” juveniles.

1926- Señala la aparición del primer libro fundamental de la paidopsiquiatría moderna, el Vorlesungen uebr psychopathologie der kindersalter de Homburger en el cual el eminente psiquiatra alemán desarrolla detenidamente el tema de los psicodinamismos junto a una visión actualizada de los diversos tratamientos. Piaget comienza sus investigaciones sobre lenguaje, razonamiento y pensamiento causal, que culminarán seis años más tarde.

1927- Se edita Niños Difíciles de Adler,  Melanie Klein aparece en escena con sus originales ideas en Simposio sobre análisis infantil y Hanna Freud edita Psicoanálisis del niño.

1932- Se publican dos obras que pasarán, en poco tiempo, a ocupar un lugar destacado en la historia de nuestra especialidad, Nuevas aportaciones al psicoanálisis  de Freud, y  Psicoanálisis de niños de Melanie Klein, en el que la autora expone los principios del aprovechamiento del juego como instrumento diagnóstico-terapéutico.

1937- Se realiza el Primer Congreso Internacional de Psiquiatría Infantil en París.

1945- Tramer publica el Lehrbuch der allgemeinen Kinderpsychiatre.

1946- Se funda la American  Association of Psychiatric Clinics for Children y se promulga la ley de salud mental que prevé un fondo para investigación en psiquiatría infantil.

1952- Nace la  American Avademy of Chile Pychiatry.

 

     Este es el punto en el que se detenía un texto anterior del suscripto: el Compendio de Psicopatología de la Infancia (Maffei, 1989). Deseo respetar ese límite, sobre todo dada la exuberante profusión de hechos y publicaciones de la segunda mitad del siglo XX, pero previamente me siento obligado a decir dos palabras sobre el desarrollo del tema en nuestro medio, en el cual, junto a manifestaciones de soberbia deplorable hubo contribuciones profesionales y publicaciones de una reconocida jerarquía internacional, sobre todo a partir de los años cincuenta.

     Como digno preámbulo me complace evocar la imagen de un precursor injustamente olvidado por las más recientes generaciones de profesionales: Lanfranco Ciampi. Este científico fundacional de la paidopsiquitería en la Argentina había nacido en San Vito in Monte (Italia) el 21 de febrero de 1885. Entre 1905 y 1919 trabajó en el Instituto Médicopedagógico orientado por De Sanctis, centro del que llegó a ser, en el último de los años mencionados, su vicedirector.

     Llegado a Buenos Aires en abril de 1920, fundó un instituto similar al que De Sanctis dirigía en Italia. En 1922 fue designado jefe del Laboratorio de Psicopatología  de la Facultad de Medicina de Rosario, y simultáneamente organizó una escuela para niños anormales. Como quedó dicho, un año después inauguró en esa misma Facultad la que fuera primera cátedra a nivel mundial de Psiquiatría Infantil, de la que, como corresponde fue su primer Profesor Titular. Ese mismo año fundó la Revista Psicopedagógica, y en 1924 ocupó la cátedra de Psiquiatra de aquella Facultad. En 1927 fue designado director del Hospital de Alienados de Rosario. En la década de los treinta organizó y dirigió, en Buenos Aires, un centro asistencial para niños (el Instituto Neuropsiquiátrico “Cecilia María Estrada de Cano), cuya conducción pasó sucesivamente por dos gestiones más (Carolina Tobar García y Luis Stoppa) y terminó, por esas frecuentes turbulencias políticas, cuando hacía poco tiempo me había hecho cargo de su Dirección (1973).

     Mientras Carolina Tobar García continuaba la obra de Lanfranco Ciampi, Telma Reca de Acosta daba los primeros pasos en su carrera asistencial que culminaron con la organización del Centro de Psicología y Psicopatología de la Edad Evolutiva en el ámbito de la I Cátedra de Pediatría de la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires. Durante mucho tiempo éste fue el centro formativo más importante de la especialidad en la ciudad de Buenos Aires, aunque ya en la década de los cuarenta había comenzado a brillar el talento de Arminda Aberasturi de Pichon Riviere, sólido pilar en el que descansa la casi totalidad de las ulteriores generaciones de psicoanalistas que atienden niños. Sus libros como Teoría y práctica del psicoanálisis de niños y Aportaciones al psicoanálisis de niños ya se han erigido en dos clásicos de la literatura especializada.

     Son muchos los nombres que en la segunda mitad del siglo XX se han agregado a la lista de quienes pusieron a la psiquiatría de la infancia de nuestro país en el lugar de privilegio que hoy se le reconoce internacionalmente. Aún a riesgo de alguna omisión injusta debo mencionar a Euredjian, Robles Gorriti, Pizarro, Campo, Bonoli Cipolletti, Sallarés Dillon, Stoppa, Bekey, Siquier de Ocampo, Lustig de Ferrer, Knobel, Soifer, Tisminetzky, Troilo, Salas, etc.

     En el campo de los eventos científicos la séptima década  del siglo XX puede considerarse como inaugural: en 1968 el Ateneo de Psicología y Psicopatología de la Infancia y la Adolescencia “Dr. Samuel González Aguirre”, fundado cinco años antes en el  Hospital “Teodoro Alvarez” de la ciudad de Buenos Aires organizó las Primeras Jornadas de Psicología Clínica de la Infancia, que debieron ser internas para aquel Ateneo, pero que al reunir a más de ciento cincuenta profesionales obligaron a sus promotores a afrontar una realidad que los superaba. Tal éxito me indujo a proponer, en el Consejo Académico de la Facultad Libre de Psicología “Buenos Aires”, anexada a la Universidad Católica Argentina, que se invitara a otras instituciones a contribuir en la organización vinculadas a la temática a organizar el Primer Congreso Argentino de Psicopatología  Infantojuvenil. El resultado fue que participaron las Facultades de Medicina de la Universidad de Buenos Aires y del Salvador, el Instituto Nacional de Salud Mental, y las Facultades Psicología de la Universidad de Buenos Aires y de la Universidad Católica Argentina. Estas instituciones designaron respectivamente  a Insúa, Bonoli Cipoletti, Turri, Knobel y el suscripto. Quedó así constituida la Comisión Organizadora que luego de dar los primeros contactos designó al Comité Ejecutivo, presidido por Mauricio Knobel.

      A este Congreso concurrió una notable cantidad de profesionales (cerca de tres mil), y participaron autoridades internacionales como Kanner, Bonard, Hpwells, Levy y el inolvidable van Krevelen. Así fue que resultó casi natural que  se aceptara mi propuesta de fundar una asociación científica de la especialidad: éstos fueron los pasos previos al nacimiento de la Asociación de Psiquiatría y Psicología de la Infancia y la Adolescencia (ASAPPIA) en 1970, año en el que, por otra parte, apareció el primer número de la Revista de la Asociación.

     En 1970 y 1972 se realizaron las II y las III Jornadas de Psicología Clínica de la Infancia y la Adolescencia, y en este último año, el II Congreso Argentino de Psicopatología Infantojuvenil, en el cual pudo reiniciarse el diálogo con autoridades internacionales como Anthony, Grinker y Suomi.

     Los agitadísimos últimos treinta años, y sobre todo el período de la dictadura necrofílica dispersaron esfuerzos y redujeron patéticamente –entre desaparecidos y exiliados- el cuerpo profesional especializado, aunque no han podido destruir la promisoria realidad de esta especialidad, respetada, y aún admirada por propios y extraños, a pesar de que todavía no haya merecido el reconocimiento de la burocracia esterilizante del Ministerio de Salud de la Nación que todavía está en deudas con los esforzados residentes que al terminar sus cuatro años de riquísima experiencia no se encuentran con una especialidad oficializada.

     Es de desear que las estériles estructuras del Ministerio de Salud tomen contacto con la realidad y reviertan este disparatado desconocimiento de la misma.

 

Prof. Dr. Julio V. Maffei


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