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La psiquiatría infantil es una disciplina que nace en el siglo XX pero tiene antecedentes directos del XIX desde la época que Itard, contemporáneo de Pinel, discute con este personaje (considerado el padre de la psiquiatría) sobre la enfermedad de un niño llamado Víctor, que vivía en estado salvaje en los bosques de Aveyron, en Francia.
Hoy en día se libra un debate intenso sobre los dispositivos institucionales que atienden a niños con problemas mentales. El sistema hospitalario ha dado pocas respuestas, ya que no existe servicio de salud mental infanto juvenil en la mayoría de los hospitales de Latinoamérica.
Sin embargo descollan 2 excepciones: los hospitales psiquiátricos para niños y adolescentes de México D.F. y el de Buenos Aires. Ambos tienen una historia muy semejante. Inaugurados con meses de diferencia a finales de la década de 1960, siguen siendo los únicos hospitales de América Latina con hospitalización psiquiátrica para niños y adolescentes. Muchas veces esto es esgrimido con orgullo.
El hospital Juan N. Navarro del barrio de Tlalpan, tanto como el Tobar García del barrio de barracas, han tenido un desarrollo paralelo, teniendo entre el 2006 y el 2008 problemas en cuanto a lo edilicio.
La cantidad de camas es apenas mayor en el ejemplar mexicano, con una cantidad de 120. El Tobar García tiene algo más que la mitad, aunque es un número en expansión, desde la apertura de las camas de los niños menores de 12 años, en diciembre de 2008. La cantidad de habitantes de los mexicanos es mayor, pero ambos hospitales (que dependen de sus municipios) se quejan de recibir derivaciones del interior de sus respectivos países.
Ambas instituciones han tenido problemas que ya son ancestrales en cuanto a la psiquiatría y a la medicina en general. Viejos hospitales que comienzan su historia en zonas alejadas, el desarrollo urbano termina llevándolos a la zona central o, al menos, a zonas muy valuadas desde lo inmobiliario. De allí las ideas de mudar estas instituciones a una zona nuevamente más despoblada, donde no sea visible el problema de los niños con graves trastornos.
El hospital psiquiátrico Juan N. Navarro está en medio de quejas y petitorios públicos para no perder su tierra. El terreno es más grande que el del Tobar, pero éste se ha ampliado en este último año, tomando tierras de un antiguo hospital general (Rawson, ex hospital de inválidos por la Guerra del Paraguay), y del psiquiátrico de adultos varones, el Hospital Borda. Esta ampliación fue en medio de una gran batalla en la cual se habló de trasladar los psiquiátricos al interior de la provincia de Buenos Aires, lo cual costó también la movilización burocrática y mediática de los profesionales y administrativos que trabajan allí.
Todo indica que las cuestiones de psiquiatría infantil, tan condensadas que ocupan apenas dos reductos de sólo dos ciudades americanas, son cuestiones de difícil resolución para las autoridades. A priori parecen instituciones pequeñas, que nada tienen que hacer al lado del poder esgrimido por los grandes manicomios. Sin embargo, son instituciones que resisten y se amplían.
El CELS (Centro de Estudios Legales y Sociales) junto con el Human Rights Watch, publicaron en el 2008 un informe sobre la deteriorada atención de salud pública en la Argentina. Del Tobar García sólo decía que para la Organización Mundial de la Salud, tanto como para ellos, agrandar un hospital psiquiátrico era algo que no debía hacerse, ya que el recurso debería usarse mejor en otros dispositivos de mayor eficacia probada, y sin riesgos de quebrantar los derechos humanos como una institución total propende.
La psiquiatría infantil está asociada a la psiquiatría de adultos y, por lo tanto, causa temor en un primer acercamiento. Si bien la atención puede ser de variada calidad, se tiene por cuestionable el accionar de los psiquiatras infantiles que se especializan en el dispositivo de internación psiquiátrica sin propiciar otros modelos de atención.
Estamos en un momento de cambio, por más que las bases, los viejos sistemas de atención, parecen inconmovibles. Todo lo que se haga después parecería estar destinado a convivir al lado de estos lugares. La gente así lo pide, y prueba de esto es la participación de familiares de pacientes que claman online por la susbsistencia institucional.
Es claro que no agotaremos las cuestiones sociológicas de la psiquiatría infantil en este texto, de manera que nos limitamos a hacer visible algo, una pequeña fracción, de algo que pasa allí afuera y tras esos muros. El entramado social genera estos espacios a un costado de los que están integrados, y nada parece detener esta acumulación.
Más allá de lo que pase intramuros en esos lugares, debemos estar atentos. Puede que los tiempos hayan cambiado, y algunos aún estar embebidos en la historia. Pero la mejor manera de habitarla y rendir culto al pasado es evolucionando.
FMB