El niño corriente dedica muchas horas semanales a los programas de televisión. Contando los sábados y domingos y también los días de trabajo, hay muchos niños que durante la semana dedican casi tanto tiempo a la radio y a la televisión como el que pasan en la escuela.
La televisión, al agregar el elemento visual, no solo aumenta el interés de los niños por muchos programas de aventura y otros temas populares sino que además les proporciona una representación gráfica y significativa de muchos aspectos de las ciencias sociales y naturales y de los acontecimientos corrientes.
No solo los niños tienen interés por la televisión sino que también los adultos y los adolescentes. Hoy en día es uno de los medios de comunicación, junto con la radio más difundidos.
No obstante, uno de los mayores intereses, sobre todo en niños y adolescentes, aunque también los adultos, son los juegos virtuales, el Chat y
Durante todo el período de desarrollo, los intereses de niño se relacionan estrechamente con sus aptitudes. Sin embargo, una vez establecidas las coordinaciones fundamentales que implica el uso de manos y piernas, cuando ya se puede hablar y ha adquirido alguna capacidad para hacer planes y consolidar las alternativas, el campo de sus aptitudes es tan amplio, que se le presentan en el camino y los efectos condicionantes de la experiencia anterior influyen cada vez más en los medios que elige para ejercitar sus aptitudes.
En general, cuanto más pequeño es el niño, las cosas que elige indican cuanto más lo puede hacer o lo que puede aprender a querer hacer (en esto hay excepciones, por supuesto.) Así, cuando todavía no está en condiciones de caminar, el niño no muestra interés por hacerlo, y los esfuerzos para enseñarle y forzar su progreso son inútiles. Un ejemplo de esto se encuentra en un estudio en el cual se observó que niños de dos años mostraban muy poco interés espontáneo por vestirse, abotonarse, etcétera (Key y otros, 1936). En otro estudio se observó que los niños de esa edad progresaban relativamente poco cuando los adultos se esforzaban por enseñarles a abotonarse (Hilgard, 1932). Aparentemente, la falta de capacidad y la falta de interés respecto del acto de vestirse se dan juntas. Pero más tarde, cuando el niño comienza a ser capaz de vestirse solo, se interesa también por adiestrarse en esta tarea.